Por Nijta Leal Bejarano
Hace falta definir qué es y qué no es violencia de género para que deje de hacerse el mal uso.
No basta con nombrarla, no basta con denunciarla públicamente, no basta con indignarse: hay que entenderla.
Leyes, tratados, protocolos, reglamentos; en todos lados está escrita la descripción de la Violencia Política contra la Mujer en Razón de Género, si bien tiene un nombre demasiado largo, así es como se debe escribir, completo, sin recortes, para razonarlo, para adentrarla en nuestro consciente y así vislumbrarla cuando nos suceda, soy partidaria de nombrarla completa porque eso también reconocer su complejidad, su profundidad y su origen estructural.
No es casualidad, ni es simple manipulación que las personas en la política la usen a diestra y siniestra para defenestrar al oponente frecuentemente, su mal uso también es estructural, porque no la hemos interiorizado, no la hemos entendido del todo, y, por tanto, malinterpretamos su aplicación, cuando todo se vuelve violencia política de género, nada lo es; y en ese vacío, quienes realmente la viven quedan desprotegidas.
Se ha vuelto una herramienta discursiva, pero no necesariamente una herramienta de justicia y ahí es donde radica el problema.
Sugiero que las personas a quienes les toca judicializarla son, precisamente, las que tienen el mayor compromiso de aplicar su definición con rigor, porque está escrita, está pensada, está sustentada en textos internacionales, nacionales y locales, no hay vacío normativo, hay vacío de comprensión.
Ahí es donde las personas juzgadoras tienen un compromiso ineludible: estudiar, sí, estudiar. Porque en los tiempos en los que nos tocó ir a la escuela, la violencia contra las mujeres distaba mucho de ser nombrada, mucho menos analizada, ahora, no podemos exigir justicia con herramientas que no se han actualizado, ¡hay que estudiar!
Las mujeres políticas buscamos cotidianamente la visibilización de nuestras acciones, de nuestros puntos de vista, de nuestras agendas y, es precisamente por eso que el patriarcado busca, estructuralmente, invisibilizarnos, lo hace a través de los medios de comunicación, a través de otras mujeres que tampoco han logrado comprender del todo este tipo de violencia, y también a través de hombres con masculinidades frágiles que se esfuerzan por escudarse en la libertad de expresión.
La violencia política contra las mujeres en razón de género no limita opiniones, no censura el debate, no restringe la crítica, lo que hace es poner un límite claro cuando esa crítica se basa en estereotipos de género, en ataques a la vida privada, en deslegitimar la capacidad por el simple hecho de ser mujer, o en obstaculizar el ejercicio del cargo público.
Por eso habría que leer su nombre más de dos veces.
Violencia Política Contra Las Mujeres En Razón de Género (VPMRG)
La idea de visibilizar la VPMRG es para continuar en la búsqueda de garantizar derechos a las mujeres, este es un llamado a pensarse, a leer dos veces el título de este tipo de violencia, porque al mal usarla, al tergiversar su aplicación y a cada rato denunciarla, minimiza la lucha de las colectivas feministas que han buscado históricamente la igualdad sustantiva.
Mientras no entendamos eso, seguiremos confundiendo el fondo con la forma, y seguiremos dejando en la indefensión a quienes realmente necesitan de esta protección.





