martes, septiembre 15, 2026
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Destaca la UACH semillas nativas como alternativa frente al impacto del cambio climático en la agricultura

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La investigación y conservación de semillas nativas y variedades locales se ha convertido en una herramienta estratégica para enfrentar los efectos del cambio climático en el campo, debido a su capacidad de adaptación a condiciones ambientales extremas. En este contexto, la Facultad de Ciencias Agrícolas y Forestales de la Universidad Autónoma de Chihuahua (FCAyF-UACH) desarrolla estudios orientados a revalorar estos recursos genéticos como una opción viable para fortalecer los sistemas productivos.

El docente-investigador de la FCAyF-UACH, Carlos Abel Ramírez Estrada, explicó que las variedades locales han desarrollado resistencias naturales a lo largo de generaciones, al crecer en entornos específicos y bajo condiciones adversas. Estas características les permiten responder mejor a escenarios como altas temperaturas, radiación intensa, sequías prolongadas, inundaciones, presencia de plagas e incluso heladas, fenómenos cada vez más frecuentes por el cambio climático.

Entre los materiales que actualmente se analizan se encuentran el maíz criollo y el maíz azul de la región serrana, así como cultivos adaptados a climas semiáridos como el girasol, la canola, el granado y el olivo. El especialista señaló que este proceso implica una selección cuidadosa de los mejores materiales silvestres disponibles, con el fin de aprovechar su diversidad genética y su potencial productivo.

Ramírez Estrada indicó que, a diferencia de las semillas comerciales —diseñadas bajo criterios de uniformidad genética—, las semillas nativas cuentan con una mayor variabilidad, lo que les permite activar mecanismos de defensa ante cambios bruscos del entorno. Esta diversidad, dijo, es clave para la resiliencia de los cultivos frente a eventos climáticos extremos.

Finalmente, subrayó que la preservación y uso de semillas nativas no solo contribuye a la adaptación al cambio climático, sino que también fortalece la soberanía alimentaria y promueve modelos agrícolas más sostenibles, acordes a las condiciones regionales y a las necesidades de las comunidades rurales.